El Grande Oriente Ibérico Presenta su página web (28 de Octubre de 2009)
Somos personas y por tanto solemos errar: así nos hemos dejado seducir por la moda de Internet y de la web. Es un modo fácil y cómodo de darnos a conocer. No estoy seguro que por eso los lectores entiendan y comprendan mejor el espíritu profundo de la francmasonería. Pero es la moda y todos nos pedían un sitio web de fácil acceso. Esta hecho ya, gracias a los que lo organizaron y estructuraron. Pero que no impida que reflexionemos en profundidad sobre el fenómeno de la lectura y del conocimiento numérico o digital. Mi generación sigue siendo la generación, como yo la llamo “Gutenberg”. Mis nietos serán probablemente (ya lo son en gran parte) de otra generación: la digital y de la instantaneidad.
Hace unos días, mientras preparaba una conferencia, estaba navegando (así se dice hoy en día) buscando datos e informaciones sobre un famoso e ilustre erudito sefarad, Hasday Crecas. Y me di cuenta de 2 fenómenos contradictorios que me llenaron de perplejidad:
Primero tenía a mi alcance una multitud de datos, informaciones, accesos a libros, artículos, extractos más o menos seleccionados por posibles eruditos o sencillos lectores. Al leer esos fragmentos sin más lógica organizativa que la de su aparición en la pantalla, me apareció muy claro que no es igual leer un texto en la pantalla o en su soporte material: la manera de leer, la atención prestada, las referencias contextuales cambian el sentido de lo leído: los extractos son diversos, las opiniones diversas, pero es imposible recomponer el espíritu que permitió a Crescas estructurar una u otra idea. Sus ideas aparecen aisladas del discurso global, la textualidad numérica dificultando, por no decir imposibilitando clasificar, jerarquizar, identificar la progresión intelectual: difícil aislar un párrafo, volver atrás, saltar 50 páginas para aclarar un punto; en una palabra el modo de conocimiento es diferente, para mí es más superficial, más aleatorio, compuesto por la yuxtaposición de fragmentos fuera de su contexto, yuxtaposicionados y recompuestos según una lógica que no siempre entengdía y aún menos compartía.
La generación Gutemberg suele relacionar estrechamente lo escrito con su soporte textual lo que, por la materialidad misma de los objetos y materiales manipulados, da fácil acceso a los escritos y culturas anteriores, facilita la definición del género y de sus usos, clarifica el orden temático y de rubricas. Hoy en día me sorprendió leer trazos segmentados, discontinuos, sin categoría clara, sin que realmente yo pudiera (o supiera, ya que tal vez sabrán hacerlo mis nietos) apropiarme la coherencia y la singularidad del pensamiento de Hasday Crescas. Cambia brutalmente pues mi modo de acceder a la literatura y a la cultura. Más allá es posible, es probable, es casi cierto que cambiarán también las formas de escribir. Antonio Rodriguez de las Heras, uno de los pocos quien con Milad Doueihi se interesa por este aspecto, insiste en que la escritura se liberará de las obligaciones impuestas tanto por la morfología del codex, como por las posibilidades ofrecidas para una escritura palimpsesta, polifónica, abierta, maleable, movediza que rompe con los fundamentos mismos de la cultura que conocemos desde hace milenios.