Laicidad
La laicidad es una actitud masónica profunda en el sentido que su filosofía, ética y moral se articulan en una arquitectura armoniosa independiente de cualquier tutela religiosa o política. Pone de relieve los valores morales que sustentan el concepto laico.
No es la creencia en una fe lo que hace que cada uno respete la vida y la dignidad del otro. No se trata de una creencia que valore más el amor que el odio, la generosidad que el egoísmo, la justicia que la injusticia.
Lo que da su valor a la vida humana, no es que esa persona sea creyente o no, sino que se respeten unos valores fundamentales, tanto los tradicionales (justicia, amor, fraternidad) como los más modernos (democracia, derechos humanos, igualdad).
El concepto laico inscribe la libertad del hombre en una perspectiva ética, que privilegia la autonomía de la voluntad y, sin llegar hasta el ateismo, abre la puerta a una laicidad espiritual por reconocer con Kant que es posible hacer entrar a la religión dentro de los límites de la razón.
De manera que la laicidad, que permite el libre examen, al ser una actitud más intelectual que un principio intangible, no descarta, y aun menos niega, la existencia de un absoluto, sino su trascendencia, su espiritualidad, y deja a cada uno decidir si este absoluto es o no es Dios. Por eso mismo no excluye ni descarta la espiritualidad que es la vida misma, sino que favorece una espiritualidad que no exige la adhesión a verdades "reveladas" o a un culto. Es decir una espiritualidad sin iglesias, sin dogmas, sin presupuestos irracionales. Una espiritualidad laica, digamos, que asuma la dimensión espiritual del hombre, al mismo tiempo que reconoce su carácter inmanente, y se refiera no tanto a nuestra relación con el absoluto, lo infinito, lo eterno, sino a nuestra relación con la humanidad y la finitud del tiempo. Esto explica la especial relevancia del concepto laico en la espiritualidad masónica, liberal y adogmatica, profundamente marcada por sus valores de libertad, fraternidad e igualdad.